Finalistas Semana del Pintxo (16)

San Fermín para Foodies

Restaurantes a los que ir en San Fermín

Pintxos y alta cocina en bares y restaurantes. Para San Fermín, Pamplona es toros y encierros, pero también punto de encuentro de  grandes chefs españoles. 

Se trata de una de las fiestas más populares de nuestro país, año tras año, locales y turistas se dirigen a Pamplona en julio para dejarse ir. Para caminar, correr, disfrutar y vivir, pero también para comer y vibrar con el paladar. Pamplona -y Navarra, de la que os he hablado en otros artículos– conserva una de las despensas más vastas de la península, y sus restaurantes y bares, cada vez más, saben sacarle rédito en sus días grandes. Encuentros gastronómicos con pintxos y vinos completan con calidad la fiesta de las fiestas, como la que ns ofrece Nuevo Hostaf, Garés e Iruñazarra, finalistas y ganador, respectivamente, de la XVIII Semana del Pincho de Navarra

En San Fermín, por ejemplo, se disfruta con las pochas, una verdura de la huerta navarra.  También de espárragos, pimientos o alcachofas y algunas razas bovinas del pirineo que proporcionan la mejor carne, y  chacinería.

¿Y qué me decís de los vinos? los vinos y los licores de endrinas redondean una propuesta que, sin dilación, se consume en sus célebres Sociedades Gastronómicas –sin parar en fiestas- y acto seguido en bares mediante pintxos y bebidas.

No os vayáis sin pasar por Gaucho y haceros con su crocanti de morcilla y pastel de puerro con gambas, sinónimo de calidad en miniatura y servicio excelso; Iruñazarra y su propuesta desenfada; Baserri Berri y su propuesta de impecable presentación; Cocotte, con sus guisos clásicos, Fitero; una marisquería de renombre desde 1956, o a La Cocina de Álex Múgica, maestro en la mezcla gastronómica entre tradición y vanguardia.

Los pintxos son religión y aquí son devotos. De pie contra la barra, casi en medio de la calle o cómodamente sentado. El formato de disfrute y el abanico para ver, primero, y degustar después es infinito en Pamplona, ideal para ser hedonista y no dejar de probar propuesta alguna.

Para los que sois de estrella, podéis pasaros por (Europa y Rodero), otro más fuera del casco urbano, El Molino de Urdániz, en Urdaitz, a escasos 20 minutos de la capital. Muchos otros, sin que los de los neumáticos los premien, hacen mucho y bien, ganándose el beneplácito local para hablar al turista de origen. Enekorri, Palacio de Guendulain o La Capilla son ejemplo de ello, o de cómo la cocina navarra ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder esencia. También lo hace el restaurante Alhambra, el segundo proyecto de la –quizá- familia más culinaria de al comunidad foral.

Idoate y Rodero, dos apellidos ilustres

Los Idoate, al frente ahora la segunda generación, atienden con devoción y propuesta, y resulta imposible visitar Pamplona sin comer con ellos. Su legendario restaurante Europa*, en pleno centro, habla de la amabilidad gastronómica de Iruña desde 1973, cuando se puso al frente Francisco Idoate, el patriarca de la familia. Ahora, además de Europa y Alhambra, los Idoate gestionan el hotel en el que han convertido a su casa madre y han abierto El Mercao, el establecimiento más informal del grupo.

No obstante, la experiencia pamplonica tampoco sería completa sin visitar el otro tótem gastronómico, el restaurante Rodero*. Con más de 40 años de servicio a sus espaldas, el restaurante Rodero dio un giro cuando el hijo, Koldo Rodero, se puso al frente y de manera autodidacta revolucionó los fogones. Su familia le acompaña en sala y gestión. Su situación, junto a la plaza de toros, le hace idóneo para la comida previa o la cena que sigue a cualquier fiesta. Sin toros, su visita también es obligatoria.

Como lo es también acercarse y hacer cola en los Churros de la Mañueta, la única churrería artesanal y a leña de Navarra, o coger el coche y desplazarse a las afueras de la ciudad, donde son muchos los bares y restaurantes que esponjan el fenómeno culinario. El restaurante Ábaco, en Huarte, dentro del Museo de Arte Contemporáneo, es uno de ellos y, aunque en octubre cambie de ubicación y se emplace en la cuesta de Labrit, sigue demostrando el valor que para Pamplona tiene su gastronomía, independientemente de su localización.

Es Pamplona y es San Fermín. Son espárragos y nueva cocina. Pintxos y arroz venere. Txakoli y Rioja. Es amor por lo propio y respeto culinario. Juan Mari Arzak, Joan Roca o Mario Sandoval ya lo saben. Han estado y vuelven. Es “the place to be” de los gastrónomos a principios de julio. Y en agosto, septiembre, octubre…